FACTORES CLAVE EN EL EMPRENDIMIENTO, LIDERAZGO Y EQUIPOS

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Escrita por "Quimicus"

1.- INTRODUCCIÓN

“Acción y efecto de acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro“ señala la definición de emprendimiento .

En ella está explícitamente incorporada la noción de  actuar, de acometer una obra, o sea, de trabajar.

Asimismo, están explícitamente reseñadas dos características: la dificultad y el peligro, que implican que todo emprendimiento es, a la vez, un desafío. En ninguna parte de la definición se habla de la palabra éxito, ni de algún factor evaluador de logro en los resultados. Estamos entonces hablando de enfrentar un desafío mediante la acción, sin considerar si el resultado es o no exitoso.

 

2.- DESARROLLO

            El emprendimiento, así entendido, como la capacidad y hecho de realizar acciones en función de un objetivo, es una característica inherente a la raza humana, que le ha permitido permanecer y evolucionar en nuestro planeta y también consolidar su predominio sobre las otras especies.

Podríamos elucubrar sobre qué tipos de emprendimiento son los que permitieron a nuestra especie lograr aventajada posición con respecto a otras en competencia por la posesión de lo indispensable para sobrevivir, como el alimento y el agua. También podríamos aventurar sobre las características de los emprendimientos que, en los últimos siglos, han configurado la realidad social y económica imperante en el mundo moderno.

Emprendimientos en el ámbito geo-político y socio-económico han configurado la realidad, en cada época y lugar de nuestra historia. Las relaciones existentes entre la cultura, en todas sus manifestaciones y alcances, la evolución moral de la humanidad y lo que esta humanidad ha privilegiado como grandes emprendimientos o empresas han conformado cada momento de gozo, cada lágrima de dolor, cada sublime amor, cada retorcido odio, así como cada gran avance y cada sombrío retroceso, cada luminoso salto y emancipación social como cada uno de los atroces exterminios que han acabado con millones de seres humanos que nos han precedido, en un contexto caracterizado por la competencia, la depredación, la intolerancia y el dominio de algunas élites, religiosas o económicas, sobre la gran proporción de la población. Por siglos fue una dominación por la imposición mediante el poder guerrero, por las armas, la destrucción y la muerte, que hoy se disimula con el poder que dan los medios de comunicación para crear, inventar, difundir y ocultar, adoctrinar en la verdad absoluta o en la mentira -que vienen a ser casi lo mismo-, para manipular y movilizar o desmovilizar masas en función de un diseño de sociedad donde nada es casual.

Todo ha ocurrido (y ocurre) porque han existido personas que se han reunido para desarrollar sus proyectos, sus emprendimientos, y han logrado que estos sean más o menos exitosos. Sin ir más lejos, nosotros mismos estamos aquí luego de una serie de inasibles concatenaciones de hechos, donde las fuerzas de lo que algunos llaman azar se han movido en una u otra dirección por la voluntad y convicción, a veces virtuosa y otras viciosa, de seres humanos que se han hecho o han sido responsables del desarrollo de sus destinos, seres humanos que han compartido la calidad de ser emprendedores.

Me permitiré avanzar con un abordaje más bien vivencial, práctico más que teórico, desde mi propia experiencia y considerando algunos emprendimientos exitosos en el ámbito del activismo laicista y de la participación ciudadana, ya conocidos por la mayoría de Uds., como lo son el Centro Cultural y Social Seamos Más, el Movimiento de Acción Librepensadora (MAL) y el ensayo político de Ciudadanos Independientes y Democráticos (CID) ejemplos exitosos de emprendimientos con el objetivo de lograr un tránsito, un cambio, hacia una sociedad más justa, más tolerante, más solidaria, inclusiva y libre. Todas ellas son instancias de activismo laicista en el “mundo real”, a las que debo agregar el movimiento por una educación en equidad, Educación 2020.

 

2-1 Éxito y Fracaso.

Al hablar de emprendimientos existe la tendencia a pensar sólo en aquellos que resultan exitosos. Sin embargo, como ya vimos, la definición del término no nos habla del éxito ni del fracaso: “Acción y efecto de acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro“. Un emprendimiento no es más o menos “emprendimiento” si es exitoso o si, por el contrario, fracasa.

En nuestra Orden se combate el error. Sin embargo, “Errare humanum est” como nos dice aquella frase de Séneca. El error, la equivocación, el mal juicio, son manifestaciones intrínsecamente humanas. “Humano es errar; pero sólo los estúpidos perseveran en el error” nos dijo otro filósofo romano, Cicerón. Más recientemente Ramón Santiago y Cajal nos deja otra frase para el bronce: “Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”.

He aquí una primera clave para el emprendimiento exitoso, que podría considerarse como un método para combatir el error: aprender de ellos. Sin dudas, todos los emprendedores exitosos, con esa característica tan humana que es nuestra tendencia a equivocarnos, a veces en forma repetitiva, han logrado hacer suya esa sana práctica de aprender del error y del fracaso.

Uno de los fundadores del Seamos Más nos habla, en una reciente columna del Diario de Concepción (2), de la importancia de desarrollar en nuestro país una cultura del emprendimiento. Enrique Peña, periodista, nos señala en dicha columna: “Un cambio cultural es a lo que se aspira. Es decir, que asumamos como sociedad el valor de la actitud emprendedora, que va ligada también al fracaso…” Agrega: “Una política pública que intente provocar el cambio descrito es una idea realizable” y finaliza: “La cultura del emprendimiento puede ser promovida desde el hogar y en los colegios desde las primeras etapas de la vida. Si hablamos de ello, lo comentamos, lo vemos en los medios de prensa y se pone de moda, estaremos más cerca de generar una sociedad que en vez de menospreciar el fracaso lo vea como una posibilidad para volver a emprender” … y para aprender, agregaría yo.

Obviamente, se debe buscar el éxito de cualquier emprendimiento, en cualquier ámbito que este se lleve a cabo, pero no hay que temer al fracaso, el cual es fuente vivencial de lecciones de aprendizaje y no motivo de humillación ni vergüenza.

 

2-2 Personalismo vs. Trabajo en Equipo.

            Otro factor clave sobre el cual considero necesario llamar la atención es el concepto de trabajo en equipo.

            Los emprendimientos, los proyectos, en realidad, casi todo en la vida se lleva a cabo mediante la participación y aporte de muchas individualidades. Somos parte de un entramado social y esa calidad de “social” es la que nos permitió, de hecho, sobrevivir a otras especies animales más poderosas físicamente que el ser humano, pero sin capacidad asociativa. Evolutivamente, como una paradoja existencial, la naturaleza ha permitido la sobrevivencia de aquellos que han podido asociarse para sobrevivir, pero también de aquellos que se han impuesto a otras culturas o razas mediante la aniquilación física en competencia por riquezas y poder.

            Hay un inestable balance entre la necesidad de vivir en conjunto y la tendencia a apropiarse de lo que es del conjunto, de lo que, por derecho natural, es de todos, para hacerlo de uno mismo, de propiedad exclusiva.

            En el tema que nos convoca, esa característica macro del género humano se manifiesta en la tensión que se produce entre individualidad y equipo.

            El personalismo, producto de inmadurez, inseguridades, necesidad de afecto o reconocimiento, en fin, de un ego maltratado o hipertrofiado, no es una característica deseable cuando hablamos de emprendimientos, dado que produce la eliminación de liderazgos múltiples, al generarse una competencia por la “posición Alfa de la manada”.

            Los liderazgos son indispensables en un emprendimiento. Lo que no es ni indispensable, ni necesario, ni siquiera deseable, es la competencia depredadora por el liderazgo, ya que muchos líderes pueden convivir si trabajan adecuadamente sus egos y las relaciones interpersonales.

El trabajo en equipo tampoco es una receta de éxito automática, dado que el equipo debe ser estable, balanceado y auto-protector, o sea, que tenga la capacidad de cuidarse y protegerse a sí mismo. Es indispensable que cada elemento del equipo tenga claridad con respecto a su rol, derechos y deberes en el emprendimiento particular, y, además que los incorpore activamente a su accionar.

Esto es clave, dado que la capacidad para actuar, aún cuando se tiene claridad absoluta de lo que se debe hacer, no resulta tan natural. De hecho, esa es la razón por la cual muchos no logran pasar de la claridad y convicción de una declaración de intenciones o de una proclamación discursiva a la acción.

El personalismo del líder se manifiesta cuando aquel pierde la orientación de servicio al grupo y privilegia servirse a sí mismo, dejando de representar y de actuar como mandatario de quienes lo eligieron para tan importante función; quizás el indicador más claro de la legitimidad de un liderazgo es cuando es capaz de deponer su propia opinión personal en ejercicio de su calidad de representante y mandatario del equipo que lo eligió para esa función.

 

2-3 Liderazgo e Idea Fuerza.

            He dejado para el último punto aquello que es clave fundamental para cualquier emprendimiento o proyecto exitoso.

            La idea fuerza es el centro de gravedad que debe focalizar todas las energías y voluntades de todos quienes están involucrados en el emprendimiento, debe ser como un imán que mantenga alineados ante un objetivo compartido y único a todos sus componentes.

            Existen ideas-fuerza tan potentes en su conceptualización y enunciado que se hacen irresistibles a quienes se ven expuestos a ellas. También hay otras que se concretan como el resultado de una reacción en cadena, progresiva y exponencial, que nada puede controlar (recordemos la caída del Muro de Berlín), producto de una serie de circunstancias históricas y de, no tengo ninguna duda, la acción consciente y dirigida de hombres que permitieron y empujaron para que las cosas acontecieran.

            Las cosas no ocurren solas. Siempre hay personas, trabajando en conjunto, que las hacen ocurrir.

Al hablar de trabajo en equipo, dijimos que cada cual tiene un rol que cumplir. Un rol indispensable es el de aquel integrante del equipo que debe asumir la posición de liderazgo. Ese liderazgo puede ser implementado en distintas formas y estilos, en las que no me voy a extender aquí. Lo que, desde mi humilde experiencia, resulta fundamental, es la noción de que el líder (que pueden ser varios) es sólo una parte del equipo, y que sin el equipo, el líder no es nada, y por lo tanto, el emprendimiento está condenado al fracaso.

A su vez, la voluntad y convicciones que deben ser proyectadas con fuerza y pasión por el líder deben replicarse y ser espejo en cada uno de los integrantes del equipo. Esa condición de retroalimentación interna es la clave que diferencia a un equipo de alto rendimiento y motivación. Pasión y motivación son palabras que también hay que grabarse a fuego cuando se habla de cualquier emprendimiento exitoso.

Tal como el alineamiento ante una idea-fuerza potente y convocante resulta un factor de éxito, también es importante que esa idea-fuerza tenga una capacidad de reproducirse por sí misma, en función de su propia potencia conceptual, para que su viabilidad en el largo plazo no dependa de la existencia de un líder específico, cuyo horizonte de vida siempre será inferior a la idea-fuerza. 

La muerte es nuestra única certeza, un acontecimiento del que ninguno de nosotros escapará. Un emprendimiento exitoso sobrevive a los seres humanos que lo hicieron nacer. En ese sentido, el verdadero líder debe preocuparse especialmente de que el proyecto le sobreviva, generando los mecanismos y acciones que aseguren las generaciones de recambio.

 

 

3.- CONCLUSIONES

            Nuestro gran objetivo vital es la evolución moral de toda la Humanidad, alto imperativo que está indicado en nuestros escritos fundamentales y que se colige directamente de los valores y principios que el laicismo propugna.

Ante una sociedad caracterizada por el cambio continuo, la re-instalación de dogmas religiosos, políticos y económicos y por la presencia de una cultura consumista, egoísta, centrada en la competencia y el crecimiento individual sin considerar el bien común, con escasa presencia de valores cívicos y de participación ciudadana, con su consecuente efecto en la calidad de nuestra democracia, democracia la cual, deberíamos ayudar a perfeccionar, el desafío y la responsabilidad no se limitan a nosotros mismos; debemos asumirlos ante nuestras organizaciones y ante la sociedad a la que pertenecemos.

Hemos sido llamados a no seguir observando pasivamente la realidad y a construir nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos conforme a nuestros principios y valores.

Somos, en fin, llamados a EMPRENDER, llamados a la acción consecuente en nuestro entorno, en el colectivo, al “activo combate contra el error y la injusticia”, a comenzar una obra en la que no faltarán las dificultades ni tampoco los peligros. Los resultados de la acción del Seamos Más, del MAL, del CID y del FLU, sólo como ejemplo, demuestran que se puede.

Todas esas instancias de individualidades funcionando coordinadamente en torno a objetivos comunes son ejemplos prácticos de emprendimientos, que coinciden con nuestros principios. Han logrado hacer renacer un quehacer que demuestra que nuestro mensaje está vivo y ávido en los espíritus y cuerpos de la juventud, sin la cual el empeño sería estéril. A su vez, libremente y con sus propias ideas-fuerza, estas organizaciones han vuelto a semillar, como la fruta, como es la granada, que una vez madura, se abre y esparce sus semillas para reproducirse fuera de su dura y aparentemente infértil cáscara, dejando a la vista su exquisito y jugoso interior. El reconocimiento obtenido a nivel de comunidades de base y organizaciones sociales permite decir con orgullo que no sólo se han posicionado como referentes de opinión quienes han adoptado el rol expuesto, sino que además han dado respuesta a la pregunta que muchos se hacen continuamente, con grados a veces crecientes de frustración: ¿Y qué hacemos, para poner en práctica aquello con lo cual llenamos nuestros floridos discursos, aquellas palabras y declaraciones de intenciones que, a duras penas, llevamos a cabo en nuestro ámbito más cercano?

Esperamos que estos y otros emprendimientos tengan larga vida y grandes frutos, como los ha tenido a lo largo de siglos los avanzados del laicismo.

En lo personal, creo que asistimos a un punto de inflexión, un tránsito hacia un quehacer más luminoso; los valores y la Historia que nos legaron insignes laicistas que ayudaron a formar y consolidar nuestra República y que, sirviéndonos de poderoso ejemplo, nos inspiran y motivan, deben impregnar nuestros espíritus y nuestro quehacer.

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